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La mujer que llevó al hombre a la Luna y fue olvidada por la historia

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«Nuestros astronautas no tenían mucho tiempo, pero afortunadamente, tuvieron a Margaret Hamilton».
— Barack Obama

En 1969 el mundo estaba al pendiente de la televisión y la radio. No había nadie que no estuviera sintonizando los canales para ver al hombre pisar la Luna por primera vez. El mundo vio como Neil Armstrong y Buzz Aldrin saltaban sobre la superficie lunar mientras la bandera estadounidense ondeaba detrás de ellos. Sin embargo, de lo que el mundo nunca se percató fue la falla que casi impide la llegada de los astronautas, la cual ocurrió tan sólo unos minutos antes de que pudieran aterrizar.

El Apolo 11, mismo en el que viajaban, experimentó anomalías previo a su aterrizaje. Los visitantes de la Luna se encontraron cara a cara con la muerte justo cuando estaban a unos minutos de llegar al satélite. En ese momento, los astronautas vislumbraron los cráteres de la Luna, como si fueran pequeños volcanes y su emoción fue tanta que no dudaron en contagiarla a los técnicos de la cabina en la Tierra. Todos prestaban atención hasta que las alarmas se dispararon indicando un error.

Eso sólo ocurría cuando el peligro era inminente y lo primero en lo que pensaban tanto los astronautas como el centro de control, era en que posiblemente, estaban ante una muerte televisada a nivel mundial; un estrepitoso fracaso que llevaría a la decadencia a la agencia y el triunfo de la Unión Soviética en la carrera espacial. Como era de esperarse, una crisis los invadió al grado de comenzar a despedirse y cual telenovela, el llanto casi se hacía presente. Sin embargo, casi como un milagro, una mujer llegó para salvar incluso la reputación de la NASA: Margaret Hamilton.

La ingeniera intervino, entonces, introduciendo un cambio en en el sistema que le permitía darle prioridad a las funciones vitales tanto de los astronautas como de la nave, por lo que fue su ingenio y reacción, la que salvó de perder la misión más épica en la historia de la exploración humana del espacio hasta ahorra y el público, ni siquiera se percató de ello.

Hamilton era una mujer que luchó no sólo para poder entrar a la NASA, sino que, una vez estando adentro, buscó incansablemente la manera en que el uso y creación del software fuera visto como parte de la ciencia y no como un arte o un trabajo “extra”. Se llevaba tiempo y requería de esfuerzo y muchos otros conocimiento de ingeniería aplicados para un sistema muy elaborado. Así que con tan sólo 24 años de edad y una licenciatura en matemáticas, se integró el equipo de investigaciones del Instituto de Tecnología de Massachussets, el cual fue contratado por la NASA para que ser parte del equipo oficial del programa espacial en la misión Apolo 11. Hamilton sobresalía de sus compañeros quienes se dedicaban a seguir órdenes, mientras que ella, por iniciativa apropia comenzó a diseñar un sistema específico del que hablaba muy poco.

Cuando les presentó el prototipo del sistema, quedaron maravillados ante la inteligencia de la mujer de gafas y delgada figura dejándola a cargo del software del módulo lunar y al mando del módulo de la misión espacial. Nadie sabía programar, sólo ella, quien había aprendido de manera autodidacta, incluso inventó fórmulas y maneras de hacerlo por lo que recibió cientos de reacciones; sin embargo, la mayoría de sus compañeros se burlaba de ella por ser mujer…

Hamilton se enfrentó a una sociedad machista e incapaz de aceptar que una mujer estuviera a cargo de un puesto tan importante. Durante sus primeros meses, ni siquiera recibía una remuneración económica, puesto que necesitaba un marido para que el pago le fuera dado a él. Aun con ello, luchó para que su sueldo fuera netamente de ella. A pesar de tales obstáculos, reconoce que fueron dos hombres quienes la alentaron a seguir en la lucha: su padre y abuelo, quienes sólo añoraban una cosa: ver la inteligencia de Maggy aplicada en llevar a la humanidad a una hazaña épica, poner un pie en la superficie lunar.

El software que la ingeniera desarrolló y el logro que consiguió fueron la entrada al mundo de la gloria en secreto, puesto que en los ochenta, Hamilton desarrolló su propia compañía de software y enseñó a otras mujeres y hombres a programar, ya que para ella no es suficiente saber usar una computadora, hay que saber cómo funcionan las cosas para poder ponerlas al servicio de la comunidad y que el impacto de la tecnología sea completamente positiva y no un secuestro mental; como suelen ser las redes sociales o el propio smartphone.

Margaret Hamilton no sólo fue pionera del software como un mecanismo interno de funcionamiento, sino que creo el término y la carrera “ingeniería en software”. Su invento logró eliminar tareas de baja prioridad y prestar atención a las más importantes, logrando que su sistema de algoritmos reconociera el problema y salvara a los astronautas recuperando las funciones del Apolo 11, siendo parte fundamental del primer alunizaje en la historia. Más aún, Maggie fue la mujer que le abrió la puerta a su género en un mundo netamente masculino y logró ser reconocida por la historia y el gobierno de su país con la medalla de la libertad en 2016. Quizá fue muy tarde, pero basta con que el mundo haya sabido de ella, inclusive 48 años después de su gran hazaña.

Fuente: https://culturacolectiva.com/tecnologia/margaret-hamilton-mujer-que-llevo-al-hombre-a-la-luna/

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