Espiritualidad

La vocación

POR: PADRE LUIS MÁRQUEZ SALCIDO

Si todas las vocaciones vienen de Dios, con mayor razón vienen de Él las más nobles y sublimes de todas, los llamamientos al Sacerdocio y a la Vida Religiosa. “Ninguno se toma para si este honor sino el que es llamado por Dios como Aarón” Heb. 5, 4.

Dios llama a los que quiere. “No me habéis llamado vosotros a mí, sino yo os elegí a vosotros” Jn. 15, 16.

En todas las demás profesiones y carrearas civiles se entra ordinariamente por libre elección o por concurso. No sucede así para la vida sacerdotal y religiosa. Sabemos que Dios manifiesta su voluntad por medio de las circunstancias externas, y sobre todo dando las aptitudes y dotes necesarias para aquella particular vocación. Los signos reveladores de la vocación sacerdotal y religiosa son dos:

La idoneidad del sujeto por la presencia en él de todas las cualidades y dotes requeridas; el llamamiento oficial de la Iglesia por medio de los legítimos superiores.

Al llamar las almas a su servicio el Señor no mira tanto a las cualidades externas, como a las espirituales y a las buenas disposiciones del corazón.

Cualidades requeridas.

Cualidades físicas: buena salud, y carencia de aquellos defectos físicos que hacen difícil o imposible el ejercicio del ministerio sacerdotal y religioso.

Cualidades intelectuales. El Sacerdote es maestro y médico de la humanidad, el que debe instruir y dirigir a los hombres en lo que puede ser de mayor importancia, la salvación del alma. Por eso debe tener inteligencia abierta para hacer los largos estudios necesarios y desarrollar decorosamente el propio apostolado. Más que un ingenio brillante se requiere seria y constante aplicación al estudio.

Cualidades morales que comprenden especialmente: espíritu dócil y buen carácter. El Sacerdote seglar representa Jesús en medio del pueblo, por eso debe formarse un carácter sociable, fuerte y bien equilibrado; los temperamentos demasiados reacios, indisciplinados, coléricos, vengativos… no están hechos para la v ida sacerdotal.

Corazón puro. Tanto los Sacerdotes como los religiosos deben brillar especialmente por la virtud de la pureza en medio del mundo corrompido y corruptor. Por eso es necesario que sepan fuerte y seriamente conservarla para estar ciertos de custodiarla durante toda su vida.

Cualidades espirituales, que consisten especialmente en un sincero amor a las almas, a la oración y a las funciones litúrgicas.

Además de las dichas cualidades, se requiere un último e importantísimo elemento: la recta intención, es decir la voluntad de parte del sujeto de aspirar a la vida sacerdotal, no por fines humanos, sino por cumplir la voluntad de Dios y para salvar almas.

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