Hijos

¿Quiénes son los culpables de que las nuevas generaciones no tengan valores?

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“Cada vez vienen peor”, una queja muy común entre maestros, padres y cuanta persona opine sobre los jóvenes. Aunque en realidad nadie asume la responsabilidad del comportamiento de las nuevas generaciones. Culpamos a los medios de comunicación, a la tecnología o a la cultura occidental, pero no nos detenemos a pensar que el comportamiento de los jóvenes involucra infinidad de factores y cambios que se han dado paulatinamente dentro de cada sociedad.

Aunque nos parezca un asunto ajeno, de alguna u otra forma influimos en la percepción que niños y adolescentes tienen del mundo y en sus comportamientos. Para comprender por qué los jóvenes son como son —y no como creemos que deberían ser o como fuimos nosotros— necesitamos considerar ciertos aspectos.

1. Tenemos que entender que son jóvenes

Vale la pena retomar al filósofo griego, Sócrates: “La juventud de hoy ama el lujo. Es mal educada, desprecia la autoridad, no respeta a sus mayores, y critica cuando debería trabajar. Los jóvenes ya no se ponen de pie cuando los mayores entran al cuarto”. Esta es una cita que aún es válida, y lo será incluso después de 25 siglos. Las nuevas generaciones no son peores que las anteriores —aunque así lo creamos—, tan sólo son distintas porque sus circunstancias lo son, sus problemas también, y deben buscar formas nuevas de resolverlos. Es natural que los jóvenes sean irreverentes y busquen extender los límites; no podemos esperar que actúen igual a nosotros.

2. Tenemos que dedicarles tiempo

Lo que sí podemos hacer es detenernos a pensar y entender a la sociedad —de la que también formamos parte— en la que crecen estas nuevas generaciones. Podremos ver claramente el mensaje que envían nuestras acciones, porque ellos toman nota y en algún momento van a reproducir las enseñanzas que brindemos consciente o inconscientemente. De alguna manera, son reflejo de nosotros y la educación no es un proceso con resultados inmediatos, requiere paciencia y tiempo. Quizás ahí se encuentra lo que no nos gusta de la actualidad: el ritmo de vida es tan rápido que no queremos detenernos, sentir que nos perdemos de algo. Pues bien, el diálogo, la solidaridad, la empatía y el amor mismo, como cualquier valor, requiere tiempo. No hay forma de acelerarlos ni sustituirlos.

3. Tenemos que ser congruentes

Los valores son referencias que son útiles para apreciar o jerarquizar acciones, experiencias, objetos o sentimientos, y así tomar decisiones. Si decimos que lo más importante es la salud, pero nunca nos ejercitamos o cuidamos nuestra alimentación, el discurso es hueco. Pasa igual si hablamos de honestidad, felicidad o cualquier valor. Debe ser reconocido en palabras, pero validado con acciones. ¿Por qué ambas? Los seres humanos aprendemos en gran medida por imitación, pero las palabras le otorgan formalidad al aprendizaje y le dan cualidades al valor.

4. Tenemos que dejar de pensar en términos capitalistas

A los niños y adolescentes se les acusa de ser impacientes, adictos al entretenimiento y exigir un beneficio en todo; pero la idea no surgió de la nada. Estamos acostumbrados a vivir para la productividad y creemos que todo lo que hacemos debe tener un objetivo en términos capitalistas. Esto convierte a los valores en simples herramientas para lograr algo, que en muchas ocasiones es opuesto a la esencia del valor. Por ejemplo, la solidaridad —que es la capacidad de hacer propias las causas ajenas— ahora surge comúnmente cuando los intereses personales son afectados y se desvanece al ser satisfechos, sin considerar a los demás. Los valores son medio y fin, la realización de ellos es significativa, independientemente de los resultados. En otras palabras, son gratis y su misión es la de convertirnos en mejores personas, no la de recibir una ganancia.

Si esperamos generaciones con mayor riqueza moral, debemos revisar y reinventar nuestra propia jerarquía de valores, no dedicarnos a criticarlos por algo que ellos ni siquiera han elegido. Todo lo que señalamos en niños y adolescentes es una expresión de los adultos.

Fuente: https://culturacolectiva.com/estilo-de-vida/culpables-de-que-las-nuevas-generaciones-no-tengan-valores/

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