Cultura

FAOT 2016 Recital De Piano Y Guitarra

Se dice en Álamos que la cuarta noche del FAOT 2016 fue la Noche de la Universidad de Sonora. Es cierto, sí, pero es una verdad a medias. ¿Por qué? Porque, de hecho todo el día fue de la UNISON, al menos en lo que se refiere a los dos eventos principales de la jornada.

Al mediodía, en el Templo de la Purísima Concepción, la presencia musical de la UNISON estuvo compuesta por un doble recital: una primera parte para piano, y una segunda para guitarra. Primero, cinco jóvenes pianistas abordaron un repertorio fundamentalmente tradicional, iniciando en el barroco con Purcell y Bach, y llegando al inicio del siglo XX con música de Scriabin. Qué interesante contraste con el repertorio de los seis guitarristas de la segunda parte, un repertorio que salvo la presencia de una pieza de Boccherini, fue todo del siglo XX, aunque no del período contemporáneo, sino básicamente música  del primer modernismo. Además, la música fue toda española y latinoamericana porque, estrictamente, lo que se tocó de Boccherini fue 100% español en su concepción y realización. Entre los puntos interesantes a destacar de este multitudinario recital fue el hecho de que uno de los jóvenes guitarristas, Edgar Romero Guerrero, cambió la pieza de Villa-Lobos originalmente programada, por dos piezas de su propia autoría, en las que demostró conocer bien las posibilidades (y limitaciones) de su instrumento. En general, tanto los pianistas como los guitarristas hicieron  gala de seriedad y preparación y, salvo un par de tropiezos aquí y allá, demostraron un buen nivel interpretativo en función del momento que atraviesan en sus respectivas trayectorias académicas. Destaco de este recital un detalle muy notorio: entre los once jóvenes intérpretes de la UNISON que se presentaron a mediodía en el Templo, hubo solo una mujer. No sé exactamente qué quiera decir esto, pero sin duda algún significado tiene y no sería ocioso analizar el asunto. Este buen recital universitario de piano y guitarras concluyó en una nota festiva y brillante, cuando los seis guitarristas que habían tocado individualmente se unieron en un sabroso sexteto para tocar Introducción y fandango, de Luigi Boccherini, mostrando a la vez buenos momentos individuales y de ensamble, y algunos asuntos de uniformidad que todavía faltan por resolver.

A las 20:00 en Palacio, la siempre esperada, siempre interesante Noche de la Universidad de Sonora. Finalmente, después de haber iniciado con sendos recitales de mezzosoprano y bajo-barítono, el FAOT dio paso a las tesituras estelares, con la presencia de la soprano Brenda Santacruz, y los tenores Ernesto Ochoa y Jesús Véjar, acompañados por el experimentado pianista Héctor Acosta. El repertorio: ópera, opereta, zarzuela y canción de concierto, es decir, que en esta ocasión se dejó de lado la usual ensalada mixta con repertorios de chile, dulce y manteca que a veces aparecen en las noches de gala del FAOT. En un análisis general de esta Noche de la UNISON es posible decir que de estos tres jóvenes cantantes, la más madura y la de mayor aplomo es Brenda Santacruz. Sus bases vocales y actorales son superiores a las de sus dos colegas, y fue ella, además, la que creció más en su desempeño a medida que avanzaba la noche. En particular, se aprecia el hecho de que entre su repertorio, eligió cantar una canción en lengua rusa y un aria en lengua checa, lo cual no es usual en una etapa temprana de la carrera. Por momentos pareció percibirse que Brenda Santacruz tiene en su voz algunas pinceladas de color de mezzosoprano, lo que le ayuda al soporte de su registro bajo. A los dos jóvenes tenores, evidentemente estudiosos y concentrados, les hace falta trabajar un poco en asuntos de soltura escénica y, además de la continuación de su estudio individual, abordar quizá con más frecuencia los ensambles, para pulir el oído y resolver algunos problemas de afinación que aparecieron en algunos registros de sus respectivas voces. Después de finalizar el programa propuesto, los jóvenes cantantes universitarios y su acompañante al piano (siempre eficaz y preciso) se mantuvieron en la línea de la seriedad del repertorio al cantar juntos un fragmento de West Side Story (‘Amor sin barreras’) de Leonard Bernstein. Para calibrar el alcance e importancia de estas Noches de la Universidad de Sonora en el contexto del FAOT, baste decir que al final del recital, el tenor Ernesto Ochoa afirmó con convicción: “Esta ha sido la noche más importante de mi vida”.

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