Espiritualidad

Tiempo de cuaresma. Tiempo de meditar y orar

Por Pbro. Luis Alfonso Márquez

 

Desde este miércoles de ceniza les pido que practiquen ahora mismo lo que van hacer solo un minuto al día durante hoy y hasta el domingo de resurrección y les prometo de parte de Dios que esa limosna que le van a dar a Dios, va cambiar su vida para bien. Cierren los ojos solo un minuto y mientras tanto piensen, imaginen lo que pasó verdaderamente y la razón por la que sufrió Jesucristo tanto: por nuestros pecados.
Solo un minuto les va llevar decir esto o algo parecido que surja de su devoción, de su compasión para con Jesucristo y María sma. : Señor mío JC, tu sufriste clavos que traspasaron tus manos, sufriste espinas que se clavaron en tu cabeza adorable, sufriste azotes en tus espaldas, sufriste insultos y salivazos que aventaron en tu divino rostro, todo esto lo sufriste y más cosas por los pecados que yo cometí, que yo sabía que estaba mal, que podía evitarlo, pero desprecie todo, quise olvidarme de todas las consecuencias que me podrían venir de ese acto, de esa palabra , de ese pensamiento, de ese deseo pecaminoso, pero lo único que me importaba era hacer lo que yo quería, y no me importo que saliera afectado quien saliera. Ahora veo con dolor de arrepentimiento que la primera consecuencia fue que ofendí a Dios, que perdí el derecho a entrar al cielo, y me gané un boleto gratis para estar en 1ª fila en los tormentos eternos.
Estando así las cosas vino el hijo de Dios y se ofreció a pagar por mí el castigo para que yo pecador me salvara, para que no me costara sangre volver a conseguir la gracia de Dios, sino que lo único que me iba a costar era un lagrima de arrepentimiento, pero después me dijo Dios que me pediría menos, me dijo que no importa que no llorara, porque a Él le bastaría que llorara el corazón, o sea, que concibiera un verdadero arrepentimiento, que hiciera todo lo que esté de mi parte para alejarme de las ocasiones peligrosas de volver a caer, que me daría su perdón por los méritos de JC si odiara el pecado y empezaba ahora sí a amarlo a Él, pero amarlo bien, o sea con todo el corazón, con todas mis fuerzas y con todo mi alma.
Si pensamos un poco todos los días en la sagrada Pasión de Cristo nos va pasar lo que aquellos que pensaban con devoción en sus clavos, espinas, azotes y salivazos: cambiaran nuestras vidas para bien, o sea salvar, salvaran sus almas, salir de cualquier vicio, ser católico de verdad, no de nombre solamente.
Veamos brevemente qué hicieron algunos santos y qué alcanzaron, para que se inflame de amor y deseo nuestro corazón y nos decidamos ser generosos con este reto y hasta lleguemos a tomar la decisión de extenderlo a todos los días que restan de este año 2017. Pues bien, solo les pido una limosna de un minuto pero si Uds. le quieren dar más minutos a Dios, o le quieren dar más días y acabar el 31 de diciembre próximo o hasta el último día de su vida, Uds. sabrán que es lo que le prometan a Dios, por lo pronto aquí tienen los ejemplos de los santos para que vean comprobado que el solo pensamiento de la sagrada Pasión de Cristo sí puede cambiar nuestras vidas, nuestras costumbres.
San Antonino y Surio narran que en la vida de San Edmundo, arzobispo de Conturbel, Inglaterra, cuando era niño iba por el campo haciendo santas meditaciones, de repente se le aparece el Santo Nino Jesús, se dio a conocer quién era y entabló con san Edmundo suavísimas conversaciones, le aconsejó y encomendó mucho, entre otras cosas que, de aquí en adelante pensara todos los días en algún pasaje de su vida, pasión y muerte sacratísima; y le aseguró que esto le daría grande ayuda y socorro contra el demonio y sus asechanzas y sería muy eficaz medio para alcanzar las virtudes y conservarse en ellas, y para después tener una buena y dichosa muerte. Después que le dio este consejo desapareció dejando al niño Edmundo con un gran consuelo en el corazón. Y que creen Uds.? Pues desde ese entonces este niño puso gran diligencia en meditar todos los días por las noches algún pasaje de la Pasión de Cristo N.S., pues de esta meditación sacaba gran devoción y no menos provecho y remedio para todas sus cosas.
En la historia de Santo Domingo se refiere de un religioso de su orden que era muy devoto de la Pasión de Cristo; solía pensar frecuentemente con gran sentimiento y hacia gran reverencia a las sagradas llagas de Cristo diciendo a cada una de ellas las palabras de la Iglesia: Te adoramos oh Cristo y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo. Al considerar cada sagrada llaga se hincaba y rezaba un padre nuestro pidiendo y suplicando a Dios le diera un santo temor y amor. Que tan aceptable y agradable a Dios fue esta devoción, que así se lo demostró: estando en oración este siervo de Dios, se le apareció Cristo y le convidó a que se acercara a sus llagas y gozara de ellas; este religioso lo hizo con profunda reverencia y humildad, acercando su boca a las sagradas llagas con lo cual sintió en su alma tanta suavidad y dulzura que de allí en adelante, todo lo que no era Dios, le parecía amargura y un tormento increíble.

 

 

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